Otro año más, y coincidiendo con el año electoral, tenemos
ronda de elogios y reproches en el parlamento español. De nuevo, poca gente se
sienta frente al televisor a ver como aquellos que nos dicen representar, se
gritan, insultan y abuchean. Como siempre, la imagen que da la política no
corresponde a la dura imagen a la que nos enfrentamos en la calle.
Uno de los principales problemas que vivimos es la
desafección de la sociedad soberana con sus representantes políticos. Episodios
como el debate del estado de la nación, donde se prepara toda la oratoria con
fines electoralistas, sin plantear realmente una composición de ideas que
pueden ser discutidas y desarrolladas por las diferentes fuerzas políticas, nos
demuestra que las cámaras han perdido su sentido.
Y como todos los años, todos los medios se preguntan sobre
quién ha ganado. Como si la política fuera una partida de cartas. Nadie gana en
un debate así. Pierden las instituciones legislativas. Pierden las cámaras.
Pierde la democracia y por ende, pierden los ciudadanos.
¿Qué pretenden representar con ese teatro? Sus discusiones
siempre se enmarcan en la misma dicotomía: izquierda o derecha. Un bando y el
contrario. Lo que hace la derecha, la izquierda lo debe repudiar. Y al revés.
Verborrea inútil de una bancada a otra, mientras los ciudadanos, aquellos que
les depositan su soberanía, su bien más preciado, siguen sufriendo las
consecuencias sus nefastas políticas.
¿Qué necesidad tenemos de semejante espectáculo? Vivimos un
drama social. El sistema ha conseguido fragmentar a la población. Ha creado
clases sociales. Ha abierto una brecha entre los que más tienen y los que más
necesitan. Y los de abajo, seguimos perdiendo. Perdemos el trabajo. Perdemos
las prestaciones. Perdemos la educación. Perdemos la sanidad. Perdemos la
vivienda. Perdemos la dignidad.
¿Cómo me van a representar unos señores que gritan, pero no
me ayudan? Unos señores que prefieren vender mi soberanía a los mercados
europeos. Que me hacen asumir una deuda ilegítima e inmoral. Que rescatan a los
avaros que me quieren desahuciar. Que adjudican obras que no se ejecutan pero
que hay que indemnizar.
No señores políticos. No me veo representado en el debate
del estado de la nación. No hacen su trabajo. El deber que las urnas les
adjudico durante su mandato. La responsabilidad de generar políticas
constructivas. Por y para los ciudadanos. No queremos que nos convenzan con sus
utopías ni con sus mentiras. Queremos vivir con dignidad. Queremos volver a ser
soberanos. Queremos participar en política, ser el ingrediente esencial de los
debates políticos. Queremos acabar con la corrupción y el clientelismo.
Queremos leyes justas y justicias consecuentes. Queremos formar parte de este
país.
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