domingo, 8 de marzo de 2015

EL DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN



Otro año más, y coincidiendo con el año electoral, tenemos ronda de elogios y reproches en el parlamento español. De nuevo, poca gente se sienta frente al televisor a ver como aquellos que nos dicen representar, se gritan, insultan y abuchean. Como siempre, la imagen que da la política no corresponde a la dura imagen a la que nos enfrentamos en la calle.

Uno de los principales problemas que vivimos es la desafección de la sociedad soberana con sus representantes políticos. Episodios como el debate del estado de la nación, donde se prepara toda la oratoria con fines electoralistas, sin plantear realmente una composición de ideas que pueden ser discutidas y desarrolladas por las diferentes fuerzas políticas, nos demuestra que las cámaras han perdido su sentido. 

Y como todos los años, todos los medios se preguntan sobre quién ha ganado. Como si la política fuera una partida de cartas. Nadie gana en un debate así. Pierden las instituciones legislativas. Pierden las cámaras. Pierde la democracia y por ende, pierden los ciudadanos. 

¿Qué pretenden representar con ese teatro? Sus discusiones siempre se enmarcan en la misma dicotomía: izquierda o derecha. Un bando y el contrario. Lo que hace la derecha, la izquierda lo debe repudiar. Y al revés. Verborrea inútil de una bancada a otra, mientras los ciudadanos, aquellos que les depositan su soberanía, su bien más preciado, siguen sufriendo las consecuencias sus nefastas políticas. 

¿Qué necesidad tenemos de semejante espectáculo? Vivimos un drama social. El sistema ha conseguido fragmentar a la población. Ha creado clases sociales. Ha abierto una brecha entre los que más tienen y los que más necesitan. Y los de abajo, seguimos perdiendo. Perdemos el trabajo. Perdemos las prestaciones. Perdemos la educación. Perdemos la sanidad. Perdemos la vivienda. Perdemos la dignidad. 

¿Cómo me van a representar unos señores que gritan, pero no me ayudan? Unos señores que prefieren vender mi soberanía a los mercados europeos. Que me hacen asumir una deuda ilegítima e inmoral. Que rescatan a los avaros que me quieren desahuciar. Que adjudican obras que no se ejecutan pero que hay que indemnizar. 

No señores políticos. No me veo representado en el debate del estado de la nación. No hacen su trabajo. El deber que las urnas les adjudico durante su mandato. La responsabilidad de generar políticas constructivas. Por y para los ciudadanos. No queremos que nos convenzan con sus utopías ni con sus mentiras. Queremos vivir con dignidad. Queremos volver a ser soberanos. Queremos participar en política, ser el ingrediente esencial de los debates políticos. Queremos acabar con la corrupción y el clientelismo. Queremos leyes justas y justicias consecuentes. Queremos formar parte de este país.

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